Juguetes sexistas y roles de género: NO a los estereotipos

15 junio, 2011 at 19:14 Deja un comentario

Hace unos meses, el mismo día de Reyes, en una tienda de todo a cien, encontré por primera vez en toda la Navidad un juguete en cuya caja no tenía, como carta de presentación, ningún estereotipo sexista. Me alegre muchísimo  e incluso, sin intención de comprarlo, lo tuve entre mis manos celebrando ese esperado momento. Era un carrito de muñecas, tradicionalmente atribuido a las niñas, pero esta vez tenía a un sonriente niño llevándolo. Este detalle marcó un hito en mis vacaciones, ya que desde que los publicistas empezaron a bombardearnos con anuncios de juguetes, allá por octubre (no exagero), no he visto ni uno sólo que se salve de los tópicos perjudiciales, lo que acrecentaba día a día mi indignación.

La cosa llegó hasta tal punto, que ver un catálogo de juguetes se había convertido en un auténtico calvario.  Cuando veía la subdivisión en parte rosa-parte azul; parte de juguetes “de acción”-parte de juguetes “tranquilos”; esas princesitas rosas, delicadas, débiles, pálidas, esperando a sus caballeros desde la torre, impasibles, pasivas. Esos conductores de rally, emoción, diversión y acción todo ellos. Me quedaba horrorizada. La cosa llega a tal extremo, que incluso en los juguetes “neutros”, como centros comerciales en miniatura, las niñas salían en la foto jugando a hacer la compra con su carrito lleno de comida, o yendo a la peluquería, y los niños a bajar el coche por la rampa del parking o a comprar en la zona de algo así como “ferretería”.  Lo peor de todo esto es que es completamente verídico, y además he observado catálogos tanto de grandes empresas como de pequeños establecimientos, y en ninguno de ellos aparece ni un sólo rastro de educación igualitaria ni de coeducación, ni de nada que se le parezca.

El asunto es bastante grave, porque si tenemos en cuenta hasta qué punto son los juguetes una parte fundamental del desarrollo, debemos ser conscientes del tipo de mensaje que la publicidad, y precisamente a la que los niños y niñas suelen prestar más atención en esas fechas, les está transmitiendo.

Una vez leí un artículo que me encantó, que decía algo así como “qué imagen se llevaría un extraterrestre sobre los hombres y las mujeres a su planeta si viniera a la Tierra y sólo viera la publicidad”. Pues imaginémonos por un momento este caso, pero trasladado a los niños, es decir: “¿Qué le contaría, cuando regresara nuestro marcianito a su planeta, a sus amiguitos sobre los niños y niñas de la Tierra, si sólo hubiese visto los anuncios y catálogos de juguetes de Navidad?” En mi opinión, les diría lo siguiente:

– Las niñas son minoría, y  además juegan menos.

– Las niñas, aparte de llevar siempre el pelo largo y ropa muy pomposa (lacitos por todas partes y demás abalorios ñoños),  sólo utilizan el color rosa, y como mucho los tonos “pastel”.

– Los niños, siempre con el pelo corto y con ropa muy adecuada para jugar, utilizan el resto de colores, pero especialmente los más cálidos, los tonos “fuertes”.

– Los niños y las niñas son siempre guapísimos, la mayoría son rubios y con los ojos claros, y además son simpatiquísimos.

– Los niños y las niñas no comparten apenas juguetes, cada uno tiene los suyos que le son propios.

– Los niños necesitan más acción, más aventuras, más competitividad y más espacio, y las niñas son más tranquilas, menos competitivas, necesitan menos espacio y sólo juegan a cosas “de imaginar y de hablar”.

– Los niños juegan a pilotar y a hacer carreras de coches, motos, camiones, con pistolas, con caballitos, al fútbol, al baloncesto, a las batallas, con muñecos con mucha musculatura (militares, con guerreros…),  a juegos relacionados con las películas de terror y los monstruos,  a ser superhéroes (Superman, Spiderman, Batman…),  pero siempre a juegos que requieran mucha acción y mucho movimiento.

– Las niñas juegan a ser mamás con grandes muñecos, a peinarse y  a pintarse, a ir a hacer la compra al supermercado, a las “cocinitas”, a planchar,  a cuidar de los demás (de perritos, de bebés…), con muñecas muy delgadas, con cochecitos de bebé, con ponys rosa, con juegos de diseñar ropa, con cajas registradoras, a juegos relacionados con “pruebas de inteligencia” (rompecabezas, sudokus…), con teléfonos, pero siempre a juegos que no requieran mucha acción ni mucho movimiento.

– Los niños leen poco, y si lo hacen es sobre historias de detectives, de terror y misterio, de batallas, de humor, y sobre todo cómics violentos y revistas de deportes.

– Las niñas leen mucho, y casi siempre sobre historias dramáticas o románticas, o revistas relacionadas con la estética, la moda, o los cotilleos.

– Cuando niños y niñas juegan juntos, el niño es el activo, el que realiza “grandes heroicidades” (marca un gol, trepa a un sitio muy alto, consigue que su coche de juguete sea el que más corra, es el grandioso príncipe que va a buscar a la pobre princesita a lomos de su majestuoso caballo…), y la niña es la pasiva, la que lo contempla y admira, la que jalea y adula sus “grandes hazañas” (es la triste y coartada princesita que está esperando en el castillo a que la rescate el príncipe, es la espectadora del partido de fútbol y de las carreras de coches…).

– Los niños juegan a pelearse, pero las niñas, aunque no juegan a pelearse, siempre están enfadadas entre ellas.

Todo esto es tan sólo una pequeña muestra de los mensajes que nuestros pequeños aprenden (que no sólo reciben) solamente de los anuncios televisivos y de los catálogos de juguetes (en este caso de ejemplo de los navideños concretamente). Así, un año tras otro, los Reyes Magos traen a nuestros niños y niñas roles de género, estereotipos sexistas y una imagen absolutamente sesgada y machista del mundo que les rodea, inclinando la balanza claramente hacia el lado de los niños. Todas las mañanas de reyes, podemos observar cómo las niñas juegan con su fregona, su cocinita, a cuidar a alguien o algo y cómo peinan a sus muñecas, y cómo los niños se montan en sus espléndidas mini- motos (ya las venden de gasolina y todo), juegan a salvar el mundo con sus súper-guerreros o a ser goleadores con sus nuevos balones.

Después de todo lo observado, se hace evidente la necesidad de fomentar una visión crítica de los anuncios  dirigidos a los niños y niñas. Debemos ser conscientes de que la visión sexista y los estereotipos de género no sólo son adquiridos con el aprendizaje vicario del entorno más cercano, de las conductas de mamá y papá. Están también en la tele, en la radio, en las revistas, en los catálogos, en las vallas publicitarias de las carreteras (que nos creemos que los niños/as son “muy pequeños como para percibirlos”).  Es por ello que es necesario sensibilizar  a la población en general con campañas de juguetes anti-sexistas, así como con cualquier publicación que también defienda una educación igualitaria y que esté en contra de los estereotipos de género; con proyectos de intervención que atraviesen todas y cada una de las materias escolares y , en general debemos hacer acopio, como padres, educadores o psicólogos, de todo tipo de recursos para evitar que se siga sembrando la semilla del machismo, de la misoginia.

Qué vergüenza que ciertos sectores sociales se dediquen a hacer marketing publicitario dirigido al colectivo más vulnerable e indefenso. No dejemos que nuestros hijos e hijas sean moldeados con las formas que tradicionalmente han atribuido a la mujer roles humillantes y que atentan contra su dignidad. No “demos por hecho”, no compremos “por defecto”. Pensemos por un momento en el director de la multinacional que fabrica los juguetes para nuestros niños y niñas. ¿Le interesa que las mujeres logremos la igualdad?¿Le interesa la coeducación?¿Piensa en la deuda milenaria de respeto hacia las mujeres?¿O por el contrario quiere vender, vender y vender “lo de toda la vida”, no vaya a ser que se desmorone su imperio?

La dicotomía “el fútbol-las casitas” (con todo lo que esto significa) sigue viva. Aunque eso sí: los pequeños cambios que se van observando son muy alentadores. Contribuyamos a una pseudo-revolución desde los juguetes, hagamos que nuestras niñas, ya desde la educación infantil, no “den por hecho”.

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